La Policía emerge como una verdadera institución de protección y amparo, función que debemos justificar y honrar con la aplicación de una conducta individual y colectiva que avale justificadamente la riqueza vocacional, ameritando la vocación al servicio que es la razón de ser del Policía.
Desterrando viejos vicios que aún superviven como herencia y entendiendo que el error de uno tiene su efecto multiplicador, pues salpica a todos, no podemos ni debemos vivir de espaldas al valor conceptual de la opinión pública, debemos acumular méritos en el marco de una conducta ejemplar para que el peso de esa opinión sirva de sostén y apoyo a la función policial; si caemos en errores por el influjo de errores irracionales o nos desviamos del camino de la honestidad, estamos inmolando el alma y el cuerpo de nuestra institución , desmereciendo imperdonablemente la herencia legada por la sangre de nuestros mártires. Cada vez más , seamos celosos de nuestra conducta; lo que hacemos bien es lo correcto, lo que ocasionalmente hacemos de mal se proyecta profusamente en el marco de la opinión pública, si fácil resulta incriminar a los demás, seamos fuertes y solidarios, empeñémonos en defender a nuestra Institución con el aporte valioso de nuestra conducta.
La
Comandancia se complace en destacar el espíritu de sacrificio de
sus comandados, pero es justo y necesario en beneficio de todos reclamar
no apartarnos de la observancia y aplicación de nuestro Código
de conducta que es una verdadera cátedra de comportamiento institucional;
todos, absolutamente todos, somos arquitectos en la construcción
y consolidación de la nueva imagen institucional que en la medida
que sea digna y humanizada debe ser inevitablemente orgullo para todos
los Policías y la opinión pública será necesariamente
un reflejo de nuestra labor en todo el territorio de la patria.
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