MENSAJE   DESDE  LA  COMANDANCIA

"LA   CAMARADERÍA"

 
A quienes integramos la Institución, como agentes de una doctrina idealista y servidora, nos unen fuertes lazos espirituales, cuya mejor definición se apoya no tanto en las palabras como en las conductas y testimonios vivientes, es decir, en la afirmación de una verdad que más conviene vivirla que explicarla.

El cumplimiento del deber nos impone una misma dimensión de pensamiento y un acervo común de vivencias, bajo cuyo influjo vamos forjando cada día una singular identidad de una corporación de hombres y mujeres sometidos a los dictados de una escuela principista-valentía y honor, abnegación y patriotismo-circunstancia decisiva para hacer de nosotros una comunidad de espíritus que diariamente de perfecciona, merced al destino común que nos une y nos identifica.

Camaradería es sinónimo de compañerismo y amistad, valores que confluyen para exigirnos una conducta y un temple moral inconfundibles. Cuando hablamos de camaradería tenemos la certeza de abstraer su profundo significado e intuimos la riqueza de una subjetividad que nos llena y nos inspira hasta los más acendrados niveles de sentimiento.
La palabra camaradería inmediatamente nos convoca a una calificación afectiva superior, en la que el concepto nunca agota su fecundo sentido y al mismo tiempo tiempo nos comunica las verdades intraducibles de una espiritualidad edificante, que nos fortalece y nos perfecciona continuamente.
Camarada es aquel que, a nuestro lado empuña la misma bandera y es quién muy cerca de nosotros proclama el mismo ideal de lucha e invoca los mismos principios, razón de nuestro destino institucional; es alguien sin cuya presencia la lucha es mas dura y difícil.
La Policía Nacional, joven, vigorosa como es, debe sin embargo todavía luchar contra un pasado de enajenaciones donde abreva sus raíces históricas – Policía de la Capital - , oscurantismos, dictaduras- cuyas etapas más dolorosas llegaron a conocer negaciones inauditas hasta el punto de lesionar, en muchos casos, los mismos cimientos de la noble corporación. Hubo momentos de raquitismo espiritual en los que hasta el valor intangible e irrefutable de la camaradería quedó en entredicho. Felizmente, hablamos de un pasado que no debe volver.
Nuestra gran Institución, hoy, se nutre de los más enaltecidos valores de la policialidad.
Disciplina, lealtad, vocación de servicio, abnegación y patriotismo son pilares fundamentales que sustentan la verdad irrenunciable de nuestra doctrina. Por todo ello, es también mayor el significado de la camaradería que nos une y nos debe unir siempre, a fin de seguir dignificando, en cada jornada, el ideal por cuya defensa hemos jurado.
Más que nunca la camaradería debe constituir un valor predominante en el trajín de nuestra convivencia institucional. Allí radica nuestra fuerza -fuerza bien entendida- cuyo impulso nos llevará hasta los límites posibles del honor policial y el cumplimiento del deber.

 
FUENTE : Editorial del Comandante - Revista policial edición No. 429

 
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